¿Quien dicta las reglas de la relación?

Resulta paradójico, pero desde que somos niños, muchos tenemos internalizado que quien manda en la casa es nuestra madre. En Venezuela esto es particularmente cierto, en vista que no son pocos los hogares donde el único adulto es la madre.

Esta realidad la internalizamos de tal manera que puede tener un efecto sobre la manera en la que llevamos nuestras propias relaciones. Tener pareja no es fácil, pero no deberían ser un viacrucis tampoco.

En el caso del matrimonio, las mujeres quieren seguridad emocional y financiera, el tipo de seguridad que da el estar en un compromiso. Pero en el tema sexual esto significa también la certeza de que son la única fuente de sexo e intimidad para sus parejas.

En cambio, las aspiraciones del hombre casado es que la mujer le de afecto, atención y por supuesto, sexo. Esto explica un cambio de dinámica que suele ocurrir en los matrimonios: el descenso de la frecuencia sexual.

Aquí es donde entra en acción la Regla Cardinal de las Relaciones. ¿Quien depende más del otro? Las mujeres tienden a usar, consciente o inconscientemente, al sexo como un mecanismo para recompensar o castigar a sus parejas.

Es una convención social eso de “el hombre propone y la mujer dispone”, lo cual si bien puede sonar razonable, llevado al extremo significa que no importa cuanto te esfuerces por satisfacer a la mujer que te atrae o es tu pareja, si ella no quiere complacer tus pedidos debes aceptarlo sin más.

No me malinterpreten, no apoyo en absoluto el obligar a la mujer a nada, pero eso no implica que el hombre deba aceptar el recibir poco o nada a cambio de su devoción y que sus necesidades estén insatisfechas. Como ya mencionamos anteriormente el deseo genuino no se negocia. Cuando el sexo se convierte en una herramienta para manipular tus decisiones, obligándote a cumplir con una lista de exigencias a cambio de placer, deja de ser algo que se hace por deseo para ser una herramienta de la mujer en tu contra.

Lo más lógico es que si quieres obtener algo debes dar algo a cambio, en este caso hacer lo que ella dice. Puede sorprenderte, pero en realidad ir contra la lógica aparente es la solución. Para despertar el deseo de una mujer, contrario debes oponerte sutilmente a satisfacer todas sus demandas.

No estoy defendiendo que el hombre se comporte como un imbécil, pero un hombre inspira más respeto en su mujer -y con ello más atracción- si se reafirma en su posición. La agenda sexual de la mujer, si bien es aceptable, no puede ser el motivador de tus decisiones. No es que te vas a comportar como un niño malcriado o como un patán, pero si debes dejar clara tu posición.

Muchos hombres no confrontan a sus mujeres ante el temor de represalias ¿Pero acaso estás en una dictadura? Si, de hecho estas en una “vaginocracia”, pero esa no debería ser la realidad. El tener Vagina no es igual a poder absoluto, aunque pueda parecerlo.

Lo mejor que puedes hacer para reafirmarte es hacer cambios en ti mismo que ella perciba que pueden ser atractivos para otras mujeres. Las mujeres quieren estar con hombres que otras mujeres quieran y que los hombres deseen ser. Si un hombre está en mejor forma física y tiene mayores éxitos profesionales, ganará más posición social y se hace más valioso. Esto produce una sana ansiedad en la mujer, una con la que no puede discutir.

La principal arma que tiene el hombre contra las mujeres es la imaginación de ellas. Si un hombre empieza a cuidar mejor de si mismo y a mejorar en general, la mujer lo notará y se preguntará “¿Por qué está haciendo esto?”

Vagina no es autoridad

No aceptes su sexualidad como la autoridad de la relación. Entre mejor seas más autoridad comandarás en la relación e igualmente, entre más abdiques a sus exigencias menor autoridad y respeto recibirás de ella. A las mujeres hay que saber decirles que no, sobre todo cuando sus demandas entran en conflicto con tu mejor interés, particularmente en el caso de su agenda sexual.

Un amigo dijo una vez:

Creo en una relación democrática, donde ambos decidamos. Pero si alguien tiene que mandar es mejor que sea yo

Esta postura es la más sana para una relación entre hombre y mujer. No se trata de machismo, es una realidad. Difícilmente una mujer respetará a un hombre que se empeña demasiado en complacerla para poder obtener la recompensa de su intimidad. El hombre, soltero o casado debe estar consciente de su valor y que el sexo, aunque sea su mayor interés, no debe ser visto como la recompensa.

La mujer no puede controlar la relación con su vagina (la promesa de sexo o falta del mismo), pues esto afectará completamente a la relación. Y si bien ese poder puede resultarle gratificante a la mujer en el corto plazo, a la larga perderá el respeto por tí. Ella quiere que le digan que “No”, incluso si no lo sabe o ante la real amenaza de que no te den sexo.

Esta es la máxima forma de resistencia a su agenda sexual, pues si dices que no a sabiendas de que no te van a dar lo que quieres en consecuencia, el poder de la sexualidad femenina se devalúa. Eso abre la puerta a que la ansiedad y la realidad de una posible competencia de otras mujeres haga que su interés renazca.

Nada induce de manera simultanea tanto miedo como excitación en una mujer que un hombre que ella sospecha que está consciente de su valor. Esto aplica incluso al matrimonio, la mujer valorará más al hombre seguro de si mismo y que puede atraer la atención mujeres, aunque elija no hacerlo por estar en una relación, que al hombre que cede a todas sus demandas y se arrastra por su atención.

Parcialmente basado en el artículo: “Rewriting the Rules” escrito por Rollo Tomassi para The Rational Male

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